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5. No todos los niños/as aprenden de la misma forma ¿Cómo manejar la presión que conlleva eso?

  • Foto del escritor: Asela Maria Peguero Martinez
    Asela Maria Peguero Martinez
  • 6 ago 2020
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 7 ago 2020


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La naturaleza nos ofrece con su variedad de contrastes en colores, formas, texturas un paisaje bello que enriquece nuestras vidas con sentimientos de paz y sensación de armonía. Así mismo es la diversidad en las formas que tenemos los humanos para mostrar nuestra capacidad de adaptación, flexibilidad, resolución de problemas, que entre otras habilidades sociales son signos ineludibles de inteligencia.


Aprender es connatural al ser humano, nacimos con esta habilidad, podemos decir sin temor a equivocarnos que es una capacidad instalada en nuestros genes y que aparece con claridad desde el mismo instante de nuestro nacimiento a través del reflejo de succión, que si bien es algo instintual, es el primer recurso de supervivencia; podríamos añadir también que ¨nacimos con hambre de aprender¨ y de ahí en adelante la evolución continua de nuestro cuerpo nos obligará a aprender no solo para sobrevivir sino para trasformar el entorno, comunicarnos con los demás y ser parte de una sociedad.


El sueño de que ¨todos aprendemos a la vez, de la misma manera y a través de los mismos recursos¨ fue la ilusión de la edad media, que venimos superando en algunos aspectos y de la cual aún nos quedan reminiscencias. La escuela o los sistemas educativos, especialmente los de infancia, necesariamente deben ir ajustando sus patrones de enseñanza a la singularidad de cada niño/a, para finalmente salir de una educación que se parece más a un adiestramiento, evolucionando a un estilo educativo que respete la singularidad de los educandos y trabaja de acuerdo al cerebro, es decir ¨una escuela con el cerebro en mente¨, que aliente y respete la diversidad de inteligencias existentes en el aula, sabiendo que cada niño es un cerebro distinto que hay que motivar, asombrar, retar y llenar de emociones positivas, para que el aprendizaje se fije en la memoria y pueda ser aplicado en diversos escenarios.


En la infancia al igual que en la primera etapa de la niñez, aprender no es una tarea de la escuela o los centros de cuido de niños/as, es una acción que está presente siempre y que no se ha reservado solo a los espacios formales. Los niños aprenden en todo lugar.

Los ritmos de aprendizaje son diversos, cada niño tiene el suyo, la pericia de los adultos radica en observar para comprender cuál es el ritmo de tu hijo y como se va desarrollando cumpliendo con lo esperado para su edad. Los especialistas han clasificado los ritmos de aprendizaje en: lento, moderado y rápido, esta clasificación es con el ánimo de orientar a los adultos para tener mejores elementos de comprensión en cuanto a los procesos de crecimiento y desarrollo de los infantes, respetarlos y acompañarlos de forma adecuada.

Un niño de aprendizaje lento es aquel que no cumple con lo esperado para su edad, es decir que se atrasa en relación a otros niños de su mismo ciclo; las manifestaciones más evidentes son: no cumple con las asignaciones a tiempo, al analizar lo que se le pide o en una conversación se demora en sacar sus conclusiones y siempre necesita más tiempo en relación con sus compañeros para completar sus deberes.


Los de aprendizaje moderado suelen ser los que en ocasiones se atrasan y hacen de forma incompleta sus tareas, se les dificulta la compresión de los textos, pero son acertados al presentar trabajos bien acabados. Los que tiene un ritmo más acelerado son los que superan los patrones de medida, concluyendo sus labores antes que su grupo necesitando hacer otras cosas extras; suelen ser resolutivos y de análisis preciso y acertado.


Es común la práctica de algunos adultos de comparar los niños en ciertas edades, donde los padres esperan tener hijos exitosos, hábiles y diestros que reflejen lo que ellos mismos son, de esta forma se sientan bien representados por sus hijos socialmente; este proceso es una competencia silenciosa entre padres que en muchas ocasiones trae consigo la sobre exigencias para los niños y el poco respeto a su modo individual de ser.

Un estudiante lento no es menos inteligente que uno más rápido, solo necesita mayor tiempo para ejecutar sus tareas y este suele ser un aspecto poco comprendido por los padres.


Existen tipos, estilos y ritmos de aprendizaje que señalan tipos de inteligencias que Edgar Gardner llamaría en su libro de Inteligencia Emocional, las inteligencias múltiples, que además de puntualizar en las diferencias interpersonales a la hora de aprender, dirá que todos somos inteligentes, solo debemos encontrar desde donde y la forma de expresar esa inteligencia, de manera que alcancemos el éxito en la vida que va de la mano con la alegría de aprender.

 
 
 

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